
El viento de la noche gira en el cielo y canta. Parecía estar haciendo gárgaras con la pobre barca del embarcadero, asombrada por las violentas embestidas de su cómplice, el mar. El cielo había enfurecido y se disponía a cambiar de color, cual iguana estirada a la orilla de la playa del mal. Rugía tramontana, del latín transmontanus (más allá de las montañas), y azotaba el viento en mis nalgas desnudas, que erizaban lo que todavía seguía siendo mi piel tostada a roales, como viene siendo una costumbre estival. Volaban las nubes y mi mente con ellas, agolpándose para llorar. Que el paisaje desolado me transmitía tristeza es cierto, pero también una felicidad inmesurable. Deliciosas gotitas de cielo anestesiantes del mundo nos rociaban. Decidimos entonces irnos a nuestro nido de azúcar candy, donde, como cada domingo, nos entregábamos a una buena historia compartiendo palomitas. Desestimé entonces la mediocridad de mi ser que se descubrió contentándose con ser, y nunca mejor dicho.
[ anouk ]
[ anouk ]

1 comentario:
Las palabras con TRANS, me dan mucho miedo, especialmente transoceánico y transfuga...no por lo que significan sino por lo que duelen, aunque de algún modo está bien, que se pueda uno escapar con las palabras más allá de lo que quiera...
transabrazos, transbesos...
es como un truco de magia, no?
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