
Pena inmensurable esculpida en nuestras fachadas de tonos grisáceos, como edificaciones de hormigón. Entre hogueras se consume el tiempo que no nos va a volver a ver pasar. Luces que ya se apagan. Almas errantes que se dan media vuelta y desaparecen en la niebla. Pájaros que se echan a volar. Hormigas que se echan, pero a llorar. Y decide el sol no volver a salir jamás con tal de no ver que en este mundo que tan sólo es de nadie, se respira mejor incluso debajo de las olas que guardan unicornios y puentes deseosos de que alguien les atraviese la espina dorsal, mucho más profundo que el fondo del mar, donde se perdió hace siglos una llave. ¿Cómo será el mundo del fin del mundo? La vulnerabilidad, el temblor de la tierra, el sonido estridente de los zuecos en la noche. Quisiera saber por qué jamás nunca nadie encuentra el camino de regreso a casa. Será porque quizás no exista tal casa, si no es dentro de uno mismo, lugar donde se arropa uno a su propio terciopelo para mecer su cuna.
Como en uno mismo, no se está en ningún sitio, la verdad. Sin embargo, yo insisto en quedarme a dormir siempre en casa ajena, como cuando se es niña. Ya más crecidita, la opción que más me entusiasma es quedarme dormida en tu abrazo.
[ anouk ]
Como en uno mismo, no se está en ningún sitio, la verdad. Sin embargo, yo insisto en quedarme a dormir siempre en casa ajena, como cuando se es niña. Ya más crecidita, la opción que más me entusiasma es quedarme dormida en tu abrazo.
[ anouk ]















